Las terrazas suelen tener un solo paisaje. Aquí son dos.
Una mira hacia el mar. La otra encuentra las montañas.
Con el tiempo descubres que cada una tiene su momento. El café de la mañana suele terminar mirando el Caribe. Al caer la tarde, la montaña cambia de color y el otro lado de la casa empieza a ganar protagonismo.
Los 132 m² permiten algo que hoy escasea: espacios generosos. La sala no necesita sacrificar el comedor. El estar tiene vida propia. Las tres habitaciones conservan privacidad y la casa nunca transmite la sensación de estar llena, incluso cuando llegan visitas. La alcoba principal y una de las habitaciones tienen salida directa a una de las terrazas, haciendo que el paisaje también forme parte de los primeros minutos del día y de los últimos antes de dormir.
La ubicación también juega a favor. Entre la playa y Zazué, moverse caminando resulta mucho más fácil de lo que parece. Comprar algo, salir a comer o bajar al mar deja de convertirse en un plan que requiere carro.
Hay un detalle importante: el edificio no tiene ascensor y el acceso es por escaleras hasta un quinto piso. Es mejor decirlo desde el principio.
Porque quien valore el tamaño, las dos terrazas y esta ubicación probablemente entenderá que apartamentos así aparecen cada vez menos.
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Samarian House
Tu hogar en La Samaria